viernes, 24 de febrero de 2012

Palacios de Benaver


El pasado fin de semana volvimos a la carretera y nos acercamos a Palacios de Benaver, una pequeña localidad de la provincia sita en la zona de páramos y perteneciente al ayuntamiento de Isar. Su nombre parece proceder de los palacios que atesoraba por la zona el rey Fernando III El Santo. Lo de Benaver puede que provenga de algún personaje mozárabe importante que tenía tierras y otras propiedades. Ninguno de los dos datos está comprobado a ciencia cierta pero sí que existen algunos estudios que los avalan.
El pueblo está dividido en dos barrios, conocidos popularmente como el "grande" y el "pequeño". Entre ellos, separados por unos 800 metros, podemos ver una sencilla ermita con cementerio adosado y el cauce del río Ruyales, afluente del río Hormazuelas.
De Palacios de Benaver hay que destacar que su "barrio pequeño" esconde un tesoro que hoy traemos a 'Burgos mágico': el Monasterio de San Salvador.

CÓMO LLEGAR
Existen varias rutas para ir a Palacios de Benaver desde Burgos. Nosotros elegimos la N-120 (antigua carretera a León). Tras pasar las localidades de Tardajos y Las Quintanillas llegamos al acceso a la BU-V-6064, que está en un peligroso cambio de rasante. Tras recorrer unos 3 kms. por una calzada en un estado más que mejorable llegamos a Palacios. En total son unos 20 kms.

IGLESIA DE SAN MARTÍN DE TOURS
Este templo de traza románica y dos naves es la parroquia del pueblo y está situada en el centro del “barrio grande”. Su construcción comenzó en el siglo XII y ha sufrido diversas modificaciones a lo largo del tiempo. Consta de dos naves de trazas góticas, aunque la cabecera es de construcción románica.
En 2005 se restauró el retablo mayor en honor a San Martín Obispo, obra de los escultores Miguel de Quevedo, Jerónimo de Corseto y Pedro García Montero, de estilo clasicista. También es interesante un retablo lateral del siglo XVI, obra del maestro Domingo de Amberes, aunque está en un estado de grave deterioro.

 
EL MONASTERIO DE SAN SALVADOR
Sito en el "barrio pequeño" de la localidad, situado a unos 800 metros del "barrio grande" y separados por el río Ruyales, el monasterio de San Salvador es considerado el convento de mujeres más antiguo existente en España pese a que no existe ningún documento que acredite esta fama. El primer dato que se conserva es de 1231, cuando era propiedad de la célebre familia de los Lara y ya estaba habitado por monjas benedictinas.


'La leyenda de las trescientas monjas'
El posible origen del monasterio se relata en una tabla existente en la iglesia del cenobio:
Cuenta que en el año 834 el caudillo moro Zefa, que el día 6 de agosto de ese año había degollado a doscientos monjes en San Pedro de Cardeña, decidió saquear el monasterio y asesinar a todas sus habitantes. Eran trescientas monjas que recibieron la palma del martirio (Premio santo que se concede por morir sin oponer resistencia y rogando a Dios). Tras la profanación el monasterio quedó deshabitado durante 150 años hasta que el Conde Garci Fernández, halló un Cristo crucificado y decidió reconstruir el monasterio en el año 968. Doña Urraca se convirtió en su primera abadesa.
En el presbiterio existe una pintura que narra visualmente esta historia.
Poco a poco el monasterio fue ampliando su zona de influencia, llegando a convertirse en señorío feudal en el siglo XV. En 1836 la desamortización de Mendizábal despojó al monasterio de sus posesiones pero al mantenerse siempre habitado no cayó en el olvido, la ruina y la miseria como tantos cenobios a lo largo de la geografía española. Después fue colegio infantil y más tarde escuela-hogar, manteniéndose abierta hasta 1993 cuando pasó a ser la actual hospedería doméstica abierta a todo el mundo.
El monasterio tiene planta gótica, del siglo XIII, aunque a lo largo de los siglos ha sufrido varias modificaciones bajo los estilos artísticos imperantes en cada época.

El Cristo de los Ojos Grandes
El mayor reclamo del monasterio de San Salvador de Palacios de Benaver es, sin duda, la talla románica del Cristo de los Ojos Grandes. Según cuenta una historia teñida de leyenda esta impresionante imagen fue hallada milagrosamente enterrada en un campo de mieses por el Conde Garci-Fernández antes de 968, año en que se reconstruye el monasterio tras ser asolado por las huestes musulmanas al mando de Al-mansur. Este cristo, que llama la atención por sus enormes ojos y su gran tamaño (2,76 metros de altura, 2,23 metros de ancho y entorno a 40 centímetros de fondo), siempre ha gozado de una gran devoción entre los lugareños, atribuyéndolo fama de milagrero.
La imagen fue restaurada por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León en 2007, hallándose en sus pigmentos materiales que nos llevan al siglo XI. La recuperación de esta obra ha revelado que desde su creación hasta nuestros días la imagen cambió repetidas veces de aspecto atendiendo a la religiosidad de cada época, sufriendo muchas modificaciones especialmente en el policromado.

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